En este mundo actual, en este tiempo que nos toca vivir, asombrados con los avances permanentes de la tecnología, de las comunicaciones y de las ciencias…. Cuando los destellos de todo lo reciente, flamante y original de lo creado por el hombre mantiene todos nuestros sentidos ocupados aquí y allá cada segundo de nuestras vidas…También somos capaces de frenar por un instante nuestro vértigo y quedarnos quietos, sosegados y en calma al observar algo grandioso y sencillo a la vez.
Es que nos conmueve cuando advertimos que alguien ha unido su alma, sus sentimientos y todos sus sentidos en un lápiz, o a un pincel con un poco de pintura.
Y entonces no podemos dejar de relacionarnos con esa mezcla de luces y sombras, colores, formas y trazos. Hasta podríamos imaginarnos cómo ha sido el recorrido del pincel de la paleta a la tela, qué nos ha querido transmitir el poeta- artista, en ese ir y venir , con el rojo , el verde, el azul o el amarillo que se mezclan una y otra vez.
Como una y otra vez ha sido su aliento, las ganas, la energía y el amor puestos en cada trazo, en cada gota de pintura…, una tras otra,… una tras otra.
Gretel ha sido la artista.
Así como manejó su vida también fue conduciendo su obra.
Para ella lo importante era saber cómo se planteaba el día, si soleado para pasear o para quedarse en casa. Entonces comenzaba a darle sus propios colores, con desenfado y soltura. Es más fácil pintar y dibujar los sentimientos de todo lo que se ve, se ama o se siente de la forma más simple y eso se une al placer que ello nos dé.
Entonces la pintura es única y original, son sus sentimientos, son sus fantasías.
¿Quién ha dicho que el sol solamente puede ser amarillo, que las palomas no nacen del arco iris y los caballos no pueden ser azules? ¿Conoceremos todos los colores de un amanecer?
Gretel nos plantea un desafío: ¿seremos capaces de reconocer en todo lo sencillo, ingenuo e inocente el mensaje que ello puede dejarnos?